Marisa Fernández, presidenta de FAUDAS

Marisa Fernández es presidenta de la Federación de Personas Afectadas por las Drogas y el VIH (FAUDAS) y coordinadora del Colectivo La Calle, de Sevilla. Luchadora incansable, defiende los derechos de las personas usuarias de drogas con dignidad y vehemencia en multitud de plataformas y organismos. Su principal apuesta: CERCA y Regulación Responsable.

Extraído del número #213 de la revista Cáñamo

Texto: Virginia Montañés y Marisa Fernández / Fotos: FAUDAS y CERCA

¿Qué es FAUDAS?

Es una federación que se constituyó en el 2003, con asociaciones de todo el Estado español. La formamos personas que hemos realizado usos problemáticos de drogas y/o tenemos VIH/SIDA o estamos en contacto con ellas. En FAUDAS compartimos una misma finalidad: utilizar las experiencias de las personas afectadas para mejorar las condiciones y los servicios de todo el colectivo. No solamente a nivel de experiencia empírica, sino vicaria. Hemos atendido a muchas personas y tenemos una mirada más amplia. Impulsamos la implicación y la participación, porque consideramos que el problema no son las sustancias, sino el contexto, las personas, las situaciones, las necesidades… Huimos del victimismo y la pasividad, promovemos activamente una transformación social. No lo hacemos desde una condición de personas enfermas, sino como ciudadanía organizada, que conocemos nuestros derechos individuales y colectivos y asumimos la responsabilidad comunitaria. Por ello nos sumamos a todas las iniciativas sociales, técnicas, políticas y terapéuticas que trabajan para modificar las causas que generan esta problemática.

Marisa Fernández en la sede del Colectivo La Calle, Sevilla, del que es coordinadora.

¿Cuáles son los principales problemas a los que se enfrentan las personas consumidoras?

De entrada, la doble moral. Las personas consumidoras no nos mostramos, porque todavía tenemos miedo al imaginario social, al estigma y a la discriminación. Es el peor problema con el que nos encontramos. Si no verbalizamos lo que hacemos, malamente van a incluir los políticos en sus agendas nuestras demandas. Las drogodependencias se viven desde un oscurantismo total. Por otra parte, los tratamientos no recogen todos los perfiles, sino los mayoritarios solamente.

Precisamente, uno de los problemas que existe hoy en día es el acceso a tratamiento, ¿no?

El problema es que hay pocos tratamientos, y los que hay se recetan a todo tipo de personas. En el caso de la metadona, no podemos pretender que una pastilla, creada para el perfil mayoritario de consumidores problemáticos de heroína de los ochenta, sirva para todo el mundo. No son tratamientos ni personalizados ni individualizados; se utiliza el mismo tratamiento de manera indiscriminada. Por ejemplo, hay muy pocos tratamientos para mujeres, dan las mismas cantidades a una persona que pesa cien kilos que a otra con cincuenta… Desde FAUDAS promovemos los tratamientos deliberativos. Tú te conoces mejor que nadie, y con tu médico tienes que consensuar tu tratamiento. No puedes llegar a la consulta de una persona que no te conoce de nada y que en quince minutos te administre una serie de fármacos.

¿Qué opináis de las terapias que abogan por la abstinencia?

La abstinencia… ¿Por qué?, ¿para qué? y ¿de qué? Cuando hablamos de drogodependencia se mete todo en el mismo saco, y hay niveles: uso, abuso y dependencia. Las únicas personas que se tendrían que mantener abstinentes, porque está totalmente contraindicado, son las muy jóvenes. Desde FAUDAS no recomendamos que consuman las personas adolescentes (ya que están formando su personalidad) y las que sufren un problema de salud mental o tienen predisposición genética.

No veo como objetivo, por ejemplo, la abstinencia en una persona de veinte o veinticinco años que sale una noche y se fuma un par de canutos. También hemos contrastado que muchas de las personas que se mantienen abstinentes no son felices. De poco me vale que no consumas si vives amargada. Además, abstinencia significa no volver a tocar las sustancias, y el 97% de la población general consume alguna. La abstinencia se debería contemplar cuando la demande el usuario, pues, si no lo considera necesario, ¿qué abstinencia se va a plantear? Luego vemos que la gente con los años se mantiene abstinente pero se engancha a fármacos recetados por el médico. Yo no voy a volver a consumir heroína, pero tengo un problema de espalda y el médico me receta morfina. ¿De qué abstinencia estamos hablando?

Y quizás sería mejor que consumieras cannabis…

Exacto. Yo al cannabis le veo una salida terapéutica. El problema es que no interesa mucho porque el sistema de drogodependencias mueve mucho dinero y profesionales. No puede ser que haya gente que lleva veinte años en tratamiento con metadona u otros, con la misma dosis y en el mismo punto. Cierto que todo el mundo tiene unos ritmos, pero el problema es que no se tiene en cuenta el ritmo del usuario, sino el del profesional que le atiende. Sin embargo, el consumidor de cannabis es el protagonista, es el que decide. Conozco personas que han tenido usos problemáticos de alcohol y cocaína que han superado solos, y luego han acabado en el centro de drogodependencias al que nunca quisieron ir, porque fueron a atención primaria con problemas de insomnio y acabaron enganchados a las benzodiacepinas.

Con Oscar Parés y Antoni Llort, en el aniversario de la asociación catalana Asaupam (Barcelona, octubre del 2014).

¿Crees que el cannabis podría ayudar a reducir consumos problemáticos o a estabilizarlos?

De hecho, ya lo está haciendo, lo que pasa es que el ocultismo no permite verlo. ¿Qué crees que estamos haciendo los que hemos tenido consumos problemáticos de otras sustancias? Consumir cannabis. Eso es lo que nos ha estabilizado. Yo lo he vivido en mi propia carne. Y, como yo, mucha gente. Tengo calambres y espasmos múltiples en las piernas, y lo único que me alivia es el cannabis. Estoy harta de ir a los médicos y que me receten mil y un tratamientos para dormir y que me llenen de química o metadona, que, por ser, no es ni un fármaco (la Agencia Estatal del Medicamento la tiene catalogada como fórmula magistral pero no como medicamento). No quiero ser una pastilla andante. Yo llego a mi casa y tengo mi solución personal, y me la aplico cuando quiero. La autonomía en los tratamientos empodera mucho a las personas. Ya no te ves como una enferma.

¿Cuál es el principal problema de las mujeres consumidoras?

El principal problema es que lo tienen que tener muy oculto, porque en seguida salta la población general diciendo que somos malas madres. No es solo porque te pueda afectar lo que piensen de ti, el problema es que llegue la voz a alguna trabajadora social y que tus hijos acaben en un centro de menores.

Además, la mujer consumidora ha estado siempre muy mal vista, pero incluso en el propio mundo del consumo. Por desgracia, estamos en una sociedad muy machista. Tú has nacido y vivirás para cuidar a los demás. Entonces, ¿ahora me vas a plantear que quieres disfrutar? Un hombre puede haber tenido muchos problemas, cuando los supera es un campeón. Una mujer que consume es una puta. Y lo será siempre. Por eso la mujer drogodependiente, cuando llega a los servicios, está en una situación mucho peor.

¿Cómo valoras la situación actual del movimiento asociativo vinculado a las drogodependencias?

Regular. Hay un problema: si reivindicas no consigues la subvención. Por eso FAUDAS hace un par de años que no concurre a ningún tipo de convocatoria. Porque queremos visualizar nuestra realidad. Trabajamos con las necesidades de las personas, no con las del Plan Nacional sobre Drogas o sobre Sida. Al movimiento asociativo le falta reivindicar. Yo veo que ha llegado un punto en que los representantes son más políticos que los políticos. Lo lógico es que todos los federados conozcan las temáticas en las que se está trabajando. Y hay algunas en las que eso no pasa. Son cuatro personas las que ejecutan, y el resto no se entera de nada. Eso no es participación. También hemos visto que al usuario lo han utilizado. La participación la iniciaron los profesionales, porque se dieron cuenta de que no tenían ni idea y que les hacía falta tener personas en la calle que les explicaran las cosas. El problema es que hemos aprendido de más, y ahora en algunos espacios tenemos boicoteada la participación.

¿Por qué os habéis involucrado en CERCA?

La experiencia de CERCA y de Regulación Responsable nos parece interesante desde el principio, porque sí vemos participación real. Vemos que se quieren hacer las cosas de otra manera. El espacio de participación se le debe a la gente. Hay que abrirlo, sobre todo a los jóvenes.

En CERCA, por ejemplo, es la primera vez que nos preguntan a las mujeres directamente. Tenemos los mismos derechos que el resto de la ciudadanía, y entre ellos el tener espacios para nuestro crecimiento personal. Y no queremos que nos mediquen más. Hace unos años éramos poquitas, pero cada vez somos más.

En Expocáñamo, Sevilla, durante la presentación de la Comisión de Estudio para la Regulación del Cannabis en Andalucía (CERCA) y la plataforma Regulación Responsable.

También formáis parte de la plataforma Regulación Responsable, en el comité ético, ¿por qué te interesan tanto las cuestiones éticas?

Porque es la base de todo. Sin una ética y unos valores, no hacemos nada. El código ético implica sentar las bases. Creemos que desde la plataforma se puede hacer un discurso de mínimos que contemple las necesidades de todos los perfiles. La persona que consume cannabis no tiene una franja de edad. Por eso es necesario que participe todo el mundo.

¿Por qué es importante la regulación?

Tengo muy claro que las personas van a consumir, se quiera o no. Por eso lo tenemos que regular. Aparte del derecho que yo tengo a usar en mi tiempo de ocio lo que quiera, siempre y cuando respete a las personas que tengo a mi alrededor. Tenemos el derecho a la salud, que lo hemos perdido hace muchos años. Pero además de salud, tenemos derecho al bienestar.

Y después del cannabis, ¿qué toca?

El resto de las sustancias. Yo iría por la legalización. Con el tema del cannabis, el hecho de que la gente no tenga que ir al mercado negro es muy importante, porque eliminas problemáticas y situaciones difíciles de vivir. Hay personas que por fumar unos canutos acabaron en prisión, por estar en el sitio equivocado.

Durante el taller con clubes sociales de cannabis, organizado por la Comisión de Estudio para la Regulación del Cannabis en Andalucía (CERCA), Tejiendo Redes (Sevilla, diciembre del 2014).

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